El Festival Internacional de la Cultura Campesina (FICC)emprendió un recorrido por la historia viva de Boyacá, tejiendo un viaje entre el patrimonio y la memoria que habitan en cada rincón del departamento. Las antiguas estaciones del ferrocarril, testigos del movimiento y el progreso de otras épocas, se unieron a los templos doctrineros, guardianes de la fe y la identidad, y a los antiguos molinos que aún murmuran el trabajo del maíz, en una travesía que permitió redescubrir nuestra Boyacá alma.

Cada parada del recorrido fue una invitación a mirar atrás con orgullo, reconocer el presente y ver con optimismo el futuro. La ruta de dos días (sábado y domingo), alrededor de Tunja, Paipa y Duitama, inició con la visita a los templos doctrineros de Chivatá y Oicatá, las estaciones del antiguo ferrocarril y el mural que conserva la identidad de este último municipio. El maestro Henry Neiza, coordinador de Patrimonio y Memoria del Festival, lideró la jornada y, mientras caminaba junto al grupo, comentó con voz firme que estos son espacios que cobran sentido cuando la memoria los nombra.

A su llegada al municipio de Belén, el experto Pedro Pablo Rojas Carrillo profundizó en el valor patrimonial de cada sitio, ayudándonos a entender cómo el territorio conserva, en su arquitectura, la historia de su gente. El ambiente fue de intercambio genuino: docentes, investigadores, estudiantes y visitantes de México, Perú, Chile y España compartieron saberes, demostrando que el patrimonio también se construye, principalmente, desde la conversación.

El domingo, la ruta tomó un rumbo más profundo: el Molino del Curital, ubicado en el municipio de Socha, donde los participantes del recorrido se asombraron al ver en funcionamiento una maquinaria con más de cuatro siglos de existencia. Una familia ha sostenido su vida entera sobre ese oficio heredado. La doctora Aina Serrano, vicepresidenta de la Asociación para la Conservación de Molinos de España, observó con emoción y dijo:
“En España quedan pocos molinos activos; casi todos se conservan solo como museos. Aquí, en cambio, siguen siendo parte de la vida”, resaltó.

Más adelante, en la visita a la casa de Pedro Pascasio Martínez, su propietario, el señor Juan José Franco Torres, reveló con orgullo la colección completa de los afiches del FICC, incluyendo el actual. Allí, el maestro Neiza destacó que esas piezas son “verdaderas ventanas del arte” y le entregó un reconocimiento por su labor.

Durante el intercambio, el doctor Julián Sobrino, autor de la Carta de Sevilla sobre Patrimonio Industrial y miembro del Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial, se mostró gratamente sorprendido por la colección. Sobrino notó que la palabra campesinono aparecía en todas las ediciones, a lo que Neiza respondió que su inclusión hace apenas dos años no fue casualidad: nació del compromiso de reconocer y dignificar al campesino, de celebrar su papel esencial en la cultura, la economía y la vida del territorio.

A su vez, Rocío Ramírez, representante de México, también resaltó que Boyacá ofrece un ejemplo de preservación viva del patrimonio rural, donde la tradición no se guarda, sino que se practica.

Cada parada —de los puentes metálicos al molino en movimiento— recordó que el patrimonio no es solo lo que se ve, sino lo que se mantiene con las manos, la memoria y el afecto. Con este recorrido, el festival no solo festejó la cultura campesina: la caminó, la escuchó y la reconoció.

COMUNICACIONES FICC 2025

Celebrando nuestra Cultura Campesina

FESTIVAL INTERNACIONAL DE LA CULTURA CAMPESINA

02 DE OCTUBRE AL 02 DE NOVIEMBRE

BOYACA-COLOMBIA

DESARROLLADO POR FICC 52 AÑOS – 2025 

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