Desde el primer día de CosechArte, los visitantes comprendieron que no se trataba de una feria cualquiera. El aire estaba impregnado de tierra húmeda, de mazorca asada y de pan de yuca recién salido del horno. Las familias recorrían con visible alegría cada uno de los hangares; los niños cuidaban sus globos como lo más preciado, y los campesinos mostraban con orgullo el fruto de su trabajo. En cada rincón latía la vida: el mercado campesino deslumbraba con los colores intensos de sus alimentos; los talleres de artes y oficios resonaban al compás de los telares; la música animaba los corazones, y el aroma del café recién molido invitaba a quedarse.
Sin duda, el tercer día de esta feria de las artes y oficios atrajo a cientos de personas que no querían perderse la gran semifinal del Primer Concurso Gastronómico “María Paulina García”. El público se reunió frente al escenario principal, expectante. Tres restaurantes boyacenses —Proa, TunjaPON y Enigma— se preparaban para disputarse el primer lugar. Las mesas lucían con los productos frescos del campo: rubas, habas, nabos, queso Paipa, cúrcuma y siete cueros; también con los utensilios de cocina y el ingenio de los chefs. Aquella despensa era un homenaje al territorio. Los cocineros se movían con precisión, mezclando tradición con técnica, sin descuidar su propuesta.
Desde el primer bocado, el jurado de lujo —Leo Cocinero, Valentina Taguado, Chris Carpentier, Julián Rodríguez y Jairo Hernández— quedó cautivado. “El concurso es para conocer la cocina de los ancestros, la cocina de las abuelas, y eso es inmensamente enriquecedor para nosotros y para la región”, dijo Leo, mientras probaba una preparación que evocaba los fogones antiguos. Había emoción en el aire. Cada plato contaba una historia: el olor a gallina campesina, la dulzura de la mazorca, el toque picante de la cúrcuma. La gente aplaudía, se acercaba, tomaba fotos. Era más que un concurso: era una ceremonia del sabor boyacense.
El resultado final fue celebrado con aplausos y lágrimas de victoria. Proa se llevó el primer puesto; TunjaPON, el segundo; y Enigma, el tercero. Los cocineros se abrazaron emocionados, mientras el público coreaba sus nombres. Más allá del podio, el verdadero triunfo fue para la cocina tradicional boyacense, que recuperó su lugar como símbolo de identidad. Ver esos ingredientes sencillos transformados en arte fue recordar que en cada plato hay memoria.
Pero CosechArte fue mucho más que gastronomía. Los pasillos del Hangar de Artes y Oficios se llenaron de danza y color con la presentación del Mainumby Arte Ballet de Argentina, mientras los niños se maravillaban en la máster class de Café La Conserva, donde aprendían a preparar su primera taza de café con manos temblorosas y ojos curiosos. En otro espacio, el Diálogo de Saberes en Tejeduría unió los hilos de Boyacá, México y Panamá, demostrando que la cultura se teje, literalmente, entre pueblos hermanos. Todo era aprendizaje, intercambio y sentimiento.
El último día, al caer la tarde, la concurrida feria iba acercándose a su fin, superando todas las expectativas, como lo confirmó la secretaria de Desarrollo Empresarial de Boyacá, Elina Ulloa.
“Estamos absolutamente felices, orgullosos del trabajo de nuestros expositores, del esfuerzo en equipo con nuestra gestora social de Boyacá, Daniela Assis, de la Secretaría de Cultura y de la Secretaría de Agricultura. Superamos las cifras del año anterior”, dijo. Y tenía razón: CosechArte fue más que una feria; fue un reencuentro con nuestras raíces, un espejo del esfuerzo boyacense y un recordatorio de que el campo es, y siempre será, el lugar donde todo nace.
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