22 de octubre Tunja cambió de ritmo aquella noche. El primer golpe del timbal captó de inmediato la atención del público, que llenó por completo el Teatro Mayor Bicentenario para disfrutar de Aguanilé, el musical de salsa que ha agotado entradas en todos los teatros del país y conquistando escenarios en varias ciudades de España. Con esta puesta en escena inició la programación teatral del Festival Internacional de la Cultura Campesina (FICC).
Desde el primer instante, los espectadores se transportaron a la Cali de los años setenta, dejándose llevar por una historia de amor narrada a través de la música, bailarines profesionales y hasta campeones mundiales de salsa. Los aplausos no se hicieron esperar cuando salieron al escenario los reconocidos actores Andrea Guzmán y Karoll Márquez, quienes llenaron de magia cada rincón del teatro.
La impecable interpretación del elenco y las melodías en vivo envolvieron al público en momentos de nostalgia y alegría, en un contexto de revolución estudiantil, bohemia y cultura salsera de la época. Las luces acompañaban cada emoción: destellos cálidos para los instantes felices y sombras profundas para las escenas más intensas.
Más que un espectáculo teatral, Aguanilé fue un viaje al pasado de una Colombia que llora y se alegra con la salsa; una historia que despierta la más profunda sensibilidad, como lo expresó sobre el escenario la actriz Andrea Guzmán, quien se refirió a su participación en el FICC.
“Nos emociona grandemente que nos hayan invitado como Compañía Cabaret (Bogotá); nos gusta contar historias que tocan fibras y mueven emociones, y entregarnos por completo al público boyacense”, indicó.
La obra, escrita y dirigida por Juan Carlos Mazo, demostró que la música y la danza crean narrativas auténticas que hacen palpitar corazones, derramar lágrimas y provocar carcajadas en quienes se atreven a sentir y soñar.
Al ritmo de salsa se vivió la primera noche de teatro del Festival Internacional de la Cultura Campesina en la capital boyacense, una velada en la que el canto, la música, el baile y las emociones se encontraron bajo un mismo compás: el de Aguanilé.
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