Cinco escaleras empinadas conducen a la cima del barrio Santa Bárbara, un sector popular de Sogamoso que guarda, quizás, el mirador más hermoso de la ciudad. Desde allí, la vista abarca tejados, montañas y sueños que se mezclan con el viento. Este lugar, antes marcado por el olvido y los estigmas, hoy resplandece bajo el color de los murales que cubren sus paredes. Son las manos de 30 mujeres cabeza de hogar del barrio las que sostienen y protegen este rincón, demostrando que el arte puede transformar no solo los muros, sino también la manera en que una comunidad se mira a sí misma.
Todo comenzó con la llegada de 15 artistas provenientes de Boyacá, Santander, Cundinamarca, Colombia, España, México y Venezuela, invitados al Festival Internacional de la Cultura Campesina de Boyacá (FICC). Ellos vieron en Santa Bárbara un lienzo en blanco que merecía ser embellecido. Brochas, pinturas y escaleras se mezclaron con la curiosidad de los vecinos, quienes desde el inicio mostraron su empatía con la intervención. Las paredes grises se convirtieron en retratos, paisajes y símbolos de la cultura indígena (muisca), que cuentan la historia del barrio y de su gente. Detrás de cada mural hay una intención: borrar el miedo, rescatar la memoria y mostrarle a Sogamoso que, en las alturas de Santa Bárbara, renace el arte y la vida como un acto de resistencia y esperanza.
Previo a la intervención, los artistas escucharon los innumerables relatos de sus habitantes, aquellas mujeres que respiran empoderamiento femenino y abrazan el don de servicio. Ellas compartieron las tradiciones y creencias espirituales —católicas e indígenas— que por años han sido guardadas en el sector como insumo y fuente de inspiración para este proyecto, que transformó la imagen del barrio sin arrebatarle su esencia.
El artista español Luis Ramos (Eleman) llegó con la mente abierta para conocer la cultura y a las personas que habitan el barrio. Su arte se inspiró en la calidez y en las conversaciones con las madres. Quizás de Europa a Colombia hay muchas diferencias, pero el pensamiento del artista es muy claro: “pensamos más en lo que compartimos que en lo que nos diferencia”.
Anualmente, el barrio celebra a su patrona con fuegos y pólvora, venerando a Santa Bárbara, la santa que ampara a cada familia y que es símbolo de resistencia para toda mujer que enfrenta el maltrato y la desigualdad. Esta celebración se remonta a una poderosa historia mitológica, que relata la vida de una joven católica, hija de un pagano que quería forzarla a un matrimonio de conveniencia. Al negarse, su padre la confinó tras unos barrotes para que cediera a su pretensión. Al comprobar que la fe de su hija permanecía intacta, decidió decapitarla. En ese momento de crueldad, un estruendo atronador se oyó en el cielo y un rayo de luz irrumpió, destrozando los barrotes y acabando de inmediato con la vida del padre.
Tras nueve días de arduo trabajo de investigación y creación, bajo mañanas soleadas y algunas tardes lluviosas, los talentosos artistas entregaron a la comunidad una gran obra de arte a cielo abierto, compuesta por 17 murales, que sin duda aportará a la cultura y al turismo de la capital de la Provincia de Sugamuxi. Así lo aseguró, conmovida, Ángela María Toca, una de las habitantes que fue testigo de este proyecto de transformación social, liderado por Sebastián Mendoza, coordinador de Artes Plásticas y Muralismo del Festival Internacional de la Cultura Campesina.
“No me imagino viviendo en otro lugar. Siento un gran cariño por las personas que habitamos el barrio, y estas lindas pinturas llegaron como un regalo. Invitamos a los sogamoseños, boyacenses y turistas a visitarnos. Aquí los recibiremos con los brazos abiertos; queremos terminar con el concepto de que es un lugar peligroso. Ustedes también merecen disfrutar de esta hermosa vista”, comentó Toca.
La transformación de Santa Bárbara forma parte de la Novena Intervención Departamental de Muralismo del FICC y demuestra que la cultura también construye seguridad y sentido de pertenencia. En sus muros no solo hay pintura: hay comunidad, hay resistencia y hay futuro. Porque, cuando el arte se vuelve colectivo, deja de ser adorno y se convierte en la voz más fuerte de quienes alguna vez fueron invisibles; las mujeres de esta comunidad son embajadoras de este mensaje.
COMUNICACIONES FICC 2025
