El Festival Internacional de la Cultura Campesina (FICC) ha sido escenario del movimiento, la emoción y la risa, guiado por un invitado internacional que dejó una huella profunda: Luis María Brusca, conocido en el mundo artístico como “Loco Brusca”. Llegó a Boyacá con una energía desbordante, esa que solo poseen quienes hacen del arte una forma de vivir.
El argentino ha recorrido el mundo difundiendo su filosofía del arte corporal y el clown como herramientas de sanación y encuentro. Hoy, desde las montañas verdes y los cultivos boyacenses, su presencia en el festival se siente como un soplo de viento nuevo, que une al campesino con el artista y al cuerpo con la raíz.
Sogamoso fue la primera ciudad en conocer su talento, gracias al taller “El Cuerpo Creativo”. Su voz serena y firme transformó el Teatro Sogamoso en un espacio de exploración emocional. Allí, decenas de participantes entre jóvenes, campesinos, artistas y curiosos aprendieron a escuchar el cuerpo como si fuera tierra viva y a reconocer que, incluso en la quietud más profunda, existe movimiento.
Durante cuatro horas de entrega, improvisación y descubrimiento interior, el artista propuso una pedagogía basada en el sentir.
“No se trata de aprender una técnica, sino de reconectarse con la emoción y dejar que el cuerpo exprese lo que las palabras callan. La emoción dentro del trabajo artístico saca tu parte más original, más honesta”, explicó.
Ese mismo mensaje lo replicó en Tunja, ante nuevos asistentes, expandiendo así el poder del movimiento como lenguaje universal. En cada ciudad, su presencia ha sido un puente entre la sensibilidad urbana y la raíz campesina que habita el alma boyacense.
En medio del bullicio del Festival —donde conviven la música, la literatura, la cinematografía, las artes plásticas y la danza, entre otras expresiones—, el área de circo se ha convertido en un oasis para el alma, dentro de las dinámicas aceleradas del día a día.
Ese gozo se hizo palpable en sus presentaciones en escena. Primero, con “The Train”, un espectáculo de clown poético que conquistó al público sogamoseño, al recrear un viaje metafórico donde cada estación del tren representa una emoción humana. Con humor, ternura y silencio, logra que el público ría y reflexione al mismo tiempo. Cada movimiento tiene una intención; cada gesto, una historia.
Luego presentó su segunda gran obra, “Speerman”, en la que mezcla la crítica social con la poética del cuerpo. En este montaje, Brusca encarna a un hombre atrapado en la velocidad moderna: un ser que corre sin saber hacia dónde, mientras su alma grita por volver a lo esencial. Entre carcajadas, acrobacias y momentos de introspección, el artista argentino nos recuerda que la humanidad no está en la prisa, sino en la presencia.
El Loco Brusca no se limita a actuar: forma y siembra conciencia. Cada encuentro con él es una clase de vida. Su visión del arte es amplia e integradora. “Un artista debe abrirse a todas las artes —aconseja Luis María—. Buscar, explorar, nutrirse. Así se forma un artista sólido, uno cuyo carácter se nota en lo que crea”, manifestó.
Su forma de enseñar conecta con el campo, donde todo nace: así como la tierra se trabaja con paciencia y entrega, el cuerpo también necesita ser cultivado. En su propuesta, el arte es una cosecha que se siembra con emoción, se riega con disciplina y se recoge en forma de libertad.
El paso de Loco Brusca por el Festival Internacional de la Cultura Campesina ha sido mucho más que una visita: ha sido una experiencia transformadora que unió a Sogamoso y Tunja bajo una misma premisa: el cuerpo también es territorio, y el arte, su cosecha más fértil.
En cada aparición, los aplausos no fueron solo un reconocimiento, sino también un agradecimiento, porque entre los malabares y las risas muchos espectadores encontraron algo de sí mismos: la necesidad de moverse, de expresarse, de sentir.
COMUNICACIONES FICC 2025
