Por estos días, Boyacá es epicentro del cine, con ocasión de la versión 52 del Festival Internacional de la Cultura Campesina (FICC), el evento cultural más grande del departamento, que goza de reconocimiento nacional y mantiene, dentro de sus áreas artísticas, un espacio destacado para la cinematografía y los medios audiovisuales.
Durante estas jornadas, directores, guionistas, productores y actores acuden a las salas de cine del departamento en un encuentro directo con sus historias, frente a una pantalla gigante y en un diálogo profundo con conocedores, académicos y curiosos que se acercan para descubrir nuevas narrativas.
Precisamente, en el Cinema Boyacá —uno de los teatros más antiguos de Tunja—, los espectadores vivieron un agradable encuentro con el maestro Felipe Moreno Salazar, quien ha hecho del mundo cinematográfico su proyecto de vida.
Desde pequeño, el reconocido realizador se dejó cautivar por las imágenes en movimiento, aquello que en su infancia llamaban “la cajita de televisión”. Su formación académica comenzó como realizador audiovisual, investigador y docente colombiano. Estudió periodismo en el INPAHU (Instituto Nacional para la Formación y el Desarrollo Humano), continuó sus estudios de Psicología en la Universidad Konrad Lorenz y, posteriormente, realizó una maestría en Cine Documental y Sociedad en la Universidad de Barcelona. Más adelante, incursionó como catedrático universitario y, al ver la necesidad de fortalecer sus conocimientos, cursó un magíster en Escritura Creativa en la Universidad Nacional de Colombia, con el propósito de brindar más herramientas a sus estudiantes.
Llegó al festival invitado por su gran amigo, el también director y guionista duitamense Hildebrando Porras, trayendo consigo una serie de conversatorios dentro del programa “El Espejo”, que revela la realidad del cine colombiano desde la ruralidad, poniéndole rostro a aquellas historias que no suelen aparecer en los medios de comunicación.
Durante su paso por el FICC, y desde su sentido crítico, Moreno Salazar compartió con el sector audiovisual de Boyacá su dinámica diaria entre la escritura y las cámaras, actualizando al gremio y brindándole una mirada reflexiva sobre la vida, contada a través de las imágenes en movimiento que tanto lo cautivaron desde niño.
“Estoy muy contento de estar en Boyacá, en este festival que celebra la cultura y las artes, y que este año se enfoca en el campo. Esto conecta con una de mis iniciativas, ‘Cine desde los campos’, donde visibilizamos los territorios lejanos y olvidados para acercarlos a las vivencias de cada región, que suelen quedar relegadas y al margen de las grandes producciones comerciales”, indicó.
Este crítico audiovisual, natural de Cali, dejó huella con su participación en el FICC, recalcando que el cine debe hacerse desde nuestras vivencias, costumbres, arraigos e inclusión, como ciudadanos y como campesinos, buscando siempre una mirada capaz de comprender que el campo, los pueblos y las ciudades convergen simultáneamente para avanzar como sociedad.
COMUNICACIONES FICC 2025