Danza, 28 de octubre. Los municipios de Paipa y Tunja fueron invadidos por el color, la cultura y el talento de agrupaciones provenientes de Panamá, Argentina, México y Chiquinquirá. En Paipa, la danza se convirtió en un medio para educar a los estudiantes, mientras los tambores y el tango llenaban el ambiente de ritmo y entusiasmo.
Desde México, el Ballet Folclórico Fresnillo trajo a la ciudad de Tunja la fiesta, el colorido y la fuerza de sus raíces. Su directora, la maestra Cely, expresó “Cuando uno baila, se comunica sin palabras, porque la danza es una forma de hablar con el alma”.
Al son del mariachi, las trompetas y los zapateos llenaron la Plazoleta San Francisco, celebrando la hermandad entre países. El Auditorio Boyaquirá vibró con las presentaciones de Tunja y Chiquinquirá, donde la identidad y el orgullo boyacense se mostraron en cada paso de baile.
Para el cierre de la noche, México volvió al escenario, conquistando de nuevo al público con su pasión y fuerza. Así, el Festival reafirmó que la danza es mucho más que una simple coreografía.
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